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Pureza: Una carrera de Amor

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado - 1 Corintios 9:24-27 LBLA

Si la pureza fuera un deporte olímpico, habrían muy pocos dispuestos a entrenarse para ganar la medalla de oro. Por otro lado, habríamos muchos viendo la televisión mientras nuestro representante nacional compite por llevarse la presea y avanza hacia la gran final. Nos emocionaríamos al verlo salir de los vestidores, gritaríamos cuando dan la señal de salida y probablemente lloraríamos al verlo cantando nuestro himno nacional tras ser premiado. Sin embargo la pureza no es un deporte olímpico y si lo fuera nadie habría ganado una sola medalla.


Pureza, oh pureza. Cuán inalcanzable suena tu nombre, pero cuán olvidada te tenemos, cuán despreciable y barata te escuchas hoy en día. ¿Por qué te abandonamos? ¿Por qué soltamos tu mano? ¿Es que acaso no te comprendemos? ¿Es que acaso no te anhelamos de todo corazón? ¿Eres realmente inalcanzable? ¿Habrá alguien que te haya podido realmente abrazar y contigo sin culpa convivir? ¿Qué debemos hacer para tener el privilegio de llamarte nuestra compañera?


Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor - Hebreos 12:14 RVR1960

Aunque la pureza no es una disciplina de nivel olímpico, sí lo es a nivel espiritual. Aunque la pureza no sea un deporte, todos los que nos hacemos llamar hijos de Dios, estamos compitiendo día a día por lograr llegar a la meta que es Cristo (Filipenses 3:12-14). Aunque la pureza no se puede premiar con una medalla de oro, Dios sí la premia con la corona de vida (Apocalipsis 3:7-13).


La pureza es un tema presente en toda la Biblia. Se menciona en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Su importancia va más allá de los rituales de expiación, mucho más allá de tener o no relaciones sexuales. La pureza abarca aún más que la forma en la que vestimos o la manera en la que hablamos. La pureza en la Biblia, nos es revelada como una característica de Dios mismo y como un estándar que, aunque suene casi imposible, debemos anhelar llegar cada día.


¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño - Salmos 24:3-2 LBLA

En el Antiguo Testamento el simple hecho de tener un encuentro con Dios era una experiencia que podía terminar de dos maneras: la primera era caer fulminado por Su gloria e instantáneamente morir (Éxodo 28:31-35). La segunda opción era terminar siendo transformado y purificado a tal punto que quién te veía sabía que habías estado en la Presencia de Dios. Esto último le sucedió a Moisés y también a los papás de Sansón y acá te dejo los versículos donde se mencionan estos hechos - Éxodo 34:28-30, Jueces 13:20-23.


Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno - Salmos 14:2-3 RVR1960

El nivel de pureza que Dios anhela de Sus hijos es extremadamente alto, porque en Él se define el punto de referencia para el mismo. Sin embargo, por mucho que anhelemos, nuestras obras jamás van a acercarnos a Dios. Nuestra impura naturaleza nos aleja de Él instantáneamente desde nuestro nacimiento. Si vamos a lograr acercarnos al mismísimo Creador del Universo, será a través del hermoso y único puente de gracia que Jesús nos permite usar. Este puente se construye con una sencilla pero trascendental decisión: aceptar y reconocer que somos pecadores que anhelan darle al Señor no solo el primer lugar en nuestras vidas sino también en nuestros corazones. Seguido de esto, nacemos de nuevo, nos bautizamos y ante el mundo confesamos que somos hijos de Dios. Pero bueno, ¿será que esto es todo? ¿Será que es acá donde mi responsabilidad como Hijo de Dios se completa? No, esto solo es el inicio de nuestra gran aventura con Dios.


Para nuestra incapacidad de ser puros delante de Dios, Él mismo se presenta a nosotros como Jehová-Mekaddishkem “El Señor que nos santifica”. Este importante acontecimiento lo podemos leer en Éxodo 31:12-18.


Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que Yo soy Jehová que os santifico - Éxodo 31:13 RVR1960

Israel, como nación escogida por Dios, y nosotros mismos como pueblo Suyo hemos sido apartados para ser sacerdotes y gente santa (Éxodo 19:2-6). En la primera carta de Pedro en el segundo capítulo se nos vuelve a recalcar lo mismo:


Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable - 1 Pedro 2:9 RVR1960

¿Pero cómo nos apartamos de las tinieblas y superar la tentación? ¿Cómo puedo caminar en Su luz incluso de noche? ¿Cómo se logra vivir en pureza y siendo agradable ante Aquel que es puro por naturaleza? El acto redentor de Jesús en la cruz nos capacitó inmerecidamente para ser agradables a los ojos de Dios. Su rechazo total era nuestro derecho, pero gracias al Cordero de Dios hoy somos vistos con amor y amor del mismísimo Amor. Es por esta razón que cuando hablamos de vivir en santidad jamás debe ser una carga que llevemos con temor. Vivir en santidad es una correspondencia permanente a Su inconmensurable gracia.


Finalmente la pureza no es una carrera para ganar una medalla de oro de la que podamos alardear. La pureza nos acerca día a día a la perfecta relación que desde siempre Dios mismo anheló para nosotros. Dios ya fue intencional en dar el primer paso a través de Su Hijo y el nuestro nos toca darlo hoy, mañana y por siempre hasta que a Él volvamos. ¿Y cómo lo haremos? Por amor, tal y como Él siempre por nosotros lo ha hecho.


Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo - 1 Tesalonicenses 5:23 LBLA

Con mucho cariño,


Fabri



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