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Peleamos, nos arreglamos y nos amamos

¡Hola! Qué bueno que estás de vuelta para leer una entrada más de la serie: “¿Te suena familiar?” Como les contamos hace un par de entradas en esta serie les queremos compartir consejos, basados en la Palabra del Señor, sobre cómo mantener una relación saludable con tu familia. Especialmente en este tiempo de cuarentena en el que pasamos más tiempo juntos.


Y hoy nos toca ver cómo mantener una buena relación con nuestros hermanos. Pero tranquilos, si no tienen hermanos este contenido también les servirá para mantener una buena relación con las demás personas a su alrededor.

Por experiencia propia, al ser la mayor de tres hermanos (un hermano y una hermana) sé que mantener la paz con los hermanos, ya sean más grandes o más pequeños, no es una tarea fácil. En muchos hogares, las discusiones y desacuerdos entre hermanos son muchísimo más frecuentes que los momentos de armonía. Y esto ha sido así desde que el pecado entró al mundo. Los primeros hermanos, Caín y Abel, son un ejemplo de una rivalidad tan fuerte que llevó a que Caín matara a Abel (súper intenso verdad, puedes leer su historia en Génesis 4). Y este no es el único ejemplo de hermandad conflictiva que encontramos en la Biblia, podemos ver varios más, entre ellos: Jacob y Esaú, (Gn. 25,27:41), Rebeca y Lea (Gn. 30:1) y por supuesto, una de las historias más conocidas: José y sus hermanos (Gn.37).


Y aunque las historias anteriores nos muestran ejemplos drásticos (espero que ninguno de ustedes haya vendido a su hermano como esclavo jajaja), es probable que la raíz de estos problemas se encuentre en tus discusiones. Esa raíz podemos verla en forma de celos, rencor, orgullo, mentira, amargura, resentimiento, etc. Son estas actitudes las que van destruyendo poco a poco las relaciones con nuestros hermanos, o con cualquier persona con la que tengamos una relación cercana.


Ahora bien, la Biblia es clara al decir que debemos de eliminar estas actitudes. Efesios 4:31 diceQuítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” y el siguiente versículo nos muestra con qué deben de ser reemplazadas “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (v.32) Entonces, el gran dilema es cómo logramos esto.


A continuación te dejo cuatro formas prácticas con las que puedes mejorar la relación con tus hermanos, sin importar si son más grandes o más pequeños que tú:


  1. En vez de criticarlos muestra gracia. Al estar constantemente con una persona es probable que en vez de ver sus cualidades o rasgos positivos te enfoques más en sus defectos y debilidades. Por lo que tendemos a tratarlos de una manera más tosca y con menos gracia. Pero ¡ALTO! El Señor te ha mostrado abundancia de gracia y misericordia (Efesios 2:4-5); y Él espera que Su carácter sea moldeado en ti, por lo que estas características se deben de reflejar en la forma en que tratas a tus hermanos.

  2. No veas el pecado y egoísmo de tus hermanos como el problema. Muchas veces es fácil pensar “Si mi hermano/a fuera menos (inserte actitud negativa), entonces podríamos tener una buena relación” y sí, es cierto, muchas veces nuestros hermanos no son las personas con la personalidad más agradable. Sin embargo a la hora de tener esta idea en mente nos olvidamos que nosotros también tenemos nuestras fallas. No somos perfectos y podemos actuar de formas que también son molestas para ellos. Así que, antes de culpar a tus hermanos y enfocarte en sus defectos, ¡ve los propios! Y trata de arreglarlos. Jesús nos muestra esto en Mateo 7:3-5 “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” Esto no es nada fácil, requiere de humildad de tu parte para reconocer tus errores, sin embargo, vale la pena.

  3. Busca INTENCIONALMENTE tener una relación con tus hermanos. Nuestra familia puede compararse con un jardín, si queremos cultivar fresas en nuestro jardín, no esperamos a que por arte de magia una mañana aparezca la plantita con las fresas maduras y hermosas. En vez de eso, preparamos la tierra, sembramos la planta y le damos los cuidados necesarios para que crezca y dé el fruto que tanto ansiamos. De la misma manera la relación con nuestros hermanos no es algo que aparezca mágicamente; como vimos anteriormente, por causa del pecado, la tendencia es tener una mala relación con ellos. Es por eso, que es necesario que TÚ busques darle los cuidados necesarios para que dé buenos frutos. No esperes a que sean tus hermanos quienes tomen la iniciativa, hazlo tú. No tiene que ser algo súper wow, pueden ser pequeños actos de bondad que poco a poco harán que esa relación se fortalezca. Llévales un café o una refacción cuando estén estudiando, deja una nota mostrando tu aprecio sobre su cama, o simplemente tómate el tiempo de platicar con ellos. Cuéntales cómo estuvo tu día y pregúntales cómo estuvo el de ellos. Es impresionante cómo, muchas veces, a pesar de vivir en la misma casa no tenemos ni idea de lo que pasa en la vida de nuestros hermanos, así que: ¡Pregunta! Demuestra empatía.

  4. Demuéstrales amor. Sin duda, este es el punto clave que prácticamente engloba a los puntos anteriores. Pero ojo, no solo se trata de decir “te quiero” y ya estuvo. Vuelve a leer el título de este punto. Así es, DEMUESTRA, es decir actúa de cierta forma que vaya de acorde con la palabra amor. Recordemos que el segundo mandamiento más importante después de amar a Dios es amar a nuestro prójimo (Mateo 22: 36-40). En este pasaje la palabra griega que se utiliza en este pasaje para prójimo es plesíon y se refiere a las personas que están cerca de nosotros, y ¿Quién está más cerca que nuestros propios hermanos? Algunas formas para demostrar activamente nuestro amor por ellos sin importar su edad son:

  5. Respétalos. Esto incluye tu forma de hablarles, de expresarte hacia ellos, su privacidad y sus pertenencias.

  6. Escúchalos. Como mencione anteriormente, la comunicación es clave para tener una relación saludable.

  7. Sírvelos. Pídele a Dios que te haga sensible para notar las necesidades de tus hermanos y poder dar una mano de apoyo cuando la necesiten,

  8. Comparte con ellos. Y en este punto no solo hago énfasis en compartir las cosas materiales, comparte tus sueños e ideas con ellos. Comparte tus anhelos. Y sobre todo comparte tu conocimiento y amor por el Señor con ellos. Si tienes la oportunidad te animo a iniciar un discipulado con tus hermanos, es una experiencia que sin duda transformará la vida de ambos.

  9. Ora por ellos y con ellos. Sin duda, orar por nuestros hermanos es la demostración más grande de amor que podemos hacer. Y que aunque no conozcamos los pensamientos y preocupaciones más profundos de ellos el Señor si los conoce. Y quizás sin darte cuenta el orar por ellos puede ser un acto esencial para su salvación.


Y bueno, eso es todo para el post de hoy, espero que puedas aplicar estos consejos en la relación con tus hermanos o cualquier otra persona cercana a ti, y así mejorar su relación. Antes de despedirme quiero dejarles este último versículo:


“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?.” 1 Juan 4:20

Ahora si, fue un gusto escribirles este post. Les mando un abrazo virtual. Ya saben cualquier duda o comentario no duden en contactarnos.


-Emy



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