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La santidad de Dios

Updated: May 9

Hola amigos hoy les quiero dar la bienvenida a una nueva serie llamada Fundamentos del

cristianismo. El anhelo de nuestro corazón es que con las entradas de esta serie puedas

comprender cuáles son los fundamentos detrás del Evangelio, (Que literalmente significa

“Las Buenas Noticias”) de una forma simple y a la luz de la Palabra. ¿Los conoces? Estos

son: La Santidad de Dios, el problema del pecado, la solución en Cristo y el ministerio de la

reconciliación. Por medio de estos fundamentos podrás basar tu fe en las verdades que se

revelan en la palabra de Dios, sin las cuales nuestra fe no tiene sentido. Al aprender estos

fundamentos también podrás vivir y compartir el Evangelio con otras personas de forma

clara y eficaz, así que sin más que decir, ¡Veamos el primer tema de esta serie!


Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos. Isaías 6:3

Para esta primera entrada de la serie hablaremos acerca de la santidad de Dios. En muchos versículos de la Biblia podemos ver que se menciona que Dios es Santo (Levítico 11:44-45,1 Samuel 2:2, entre otros) y esta característica de Él es alabada tanto por hombres como por Ángeles. Los versículos y alabanzas sobre Su santidad nos reafirman constantemente que este es un atributo sumamente importante. Por lo tanto, es necesario entender en qué consiste la santidad de Dios.


Primero comencemos con el significado de la palabra “Santo”. En Isaías 6 se relata la visión y el llamamiento de Isaías, visión en la cual él vió a Dios sentado sobre un trono donde unos serafines (ángeles) exclamaban a grandes voces “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos (Isaías 6:3)” mientras cubrían sus rostros y sus cuerpos con sus alas, en señal de reverencia ante la santidad de Dios. ¡Imaginemos si estos ángeles siendo puros y sin pecado se reverencian de esta forma ante Dios, cuánto más no deberíamos hacerlo

nosotros!


La palabra que se usa en hebreo para describir este atributo de Dios es “kadósh”, la cual

significa “Sagrado, es decir, que merece un respeto excepcional y no puede ser ofendido. Y Santo. separado o apartado”. A través del uso de esta palabra podemos comprender dos cosas importantes de Dios: Primero, Dios merece un respeto excepcional, tal como

podemos ver con el ejemplo de los ángeles. Segundo, Él es 3 veces Santo. En el hebreo es

muy común una repetición de una frase o palabra 3 veces, esto se hace o dice para hacer

un énfasis muy fuerte en lo que se está diciendo. Por lo tanto, al mencionar que Dios es 3

veces Santo quiere decir que Él es sumamente separado o apartado. ¿Pero separado de

qué? Te estarás preguntando. Él es separado del pecado, es decir que en Dios no hay

pecado y él no puede estar en comunión con el pecado y por lo tanto, Él es perfectamente

puro y sin mancha porque es Santo.


Ahora que entendemos cosas como la santidad de Dios, que en Él no hay pecado y que no puede estar en comunión con el pecado, no está de más aclarar qué es el pecado. Una

definición muy breve del pecado es que es un hecho de rebelión o desobediencia en contra de Dios (1 Juan 3:4). Con esta definición de pecado puedes comprender por qué en Dios no hay pecado, ni comete actos de pecado: simplemente porque Su esencia es la misma santidad, y porque siendo Dios no irá en contra de sí mismo.


Comprender estas verdades a fondo, es imposible, porque como humanos somos limitados y no podemos comprender la magnitud de la santidad y perfección de Dios. Pero sí podemos estudiar Su Palabra y habitar en oración para que por medio del Espíritu Santo

seamos llenados de la comprensión y convicción de la santidad de Dios. Esto impacta

nuestras vidas y nos hace entender lo precario que es el estado de nuestra naturaleza

pecadora y de esa forma llegamos a alabar a Dios por Su santidad y también podemos

apreciar y agradecer aún más el regalo de la gracia ( la cual se verán más adelante en esta serie).


Sed santos, porque yo soy santo.1 Pedro 1:16

Ahora que entendemos que Dios es absolutamente Santo, seguramente sabrás que no hay

nadie como Él (1 Samuel 2:2) Sin embargo, como leíste arriba, Él demanda santidad de

nosotros. Pero para nosotros alcanzar el estándar de la santidad de Dios, es absolutamente imposible. Piénsalo un poco, ¿Cuántas veces hiciste algo incorrecto?, ¿Has mentido alguna vez?, ¿Tienes malas actitudes?, ¿Habrás vivido una vida perfecta hoy por 24 horas? No sólo ser santo es imposible, sino que santificarse a uno mismo por medio de buenas acciones también lo es (Isaías 64:6). Míralo de este modo: nada que intentemos limpiar con manos sucias, va a limpiarse verdaderamente. Por lo que la demanda de Dios para que nosotros seamos santos a primera instancia es irracional y podría parecerte injusta: ¿Quién puede, realmente, ser santo como Dios lo es?


Sin embargo, Dios como único Creador del universo y de nosotros, tiene el derecho a

demandar nuestra santidad absoluta para relacionarnos con Él (recordemos que Dios no

puede convivir con el pecado por Su santidad). La situación comienza a verse más seria.

Claro que todos podemos estar de acuerdo con que nos agrada la santidad de Dios, eso

significa que no hay maldad, ni corrupción, ni injusticia en Él ¡Eso es bueno!, pero se vuelve un poco más difícil cuando nos vemos a nosotros en comparación… y vernos a nosotros es exactamente lo que haremos en la siguiente entrada.


Hemos partido del tema de la Santidad de Dios, pero recuerda que aún pasaremos por 3

temas más… ¡No te quedes en la primera parte! Te invito a que descubras, y profundices

más sobre el tema del pecado, su orígen y sus consecuencias en la siguiente entrada de

nuestra serie de los Fundamentos del Cristianismo ¡Y aún más!, quédate para ver en todo

su esplendor lo que realmente significa: ¡Las Buenas Noticias!


- Con mucho cariño,

Isra y Zuly

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