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¡EN EL CORAZÓN NO SE MANDA! ... ¿O SÍ? parte 2

¡Hola de nuevo y bienvenidos a la segunda parte! o/ Muy bien, ya sabemos que los ateos, agnósticos y creyentes en otra fe fuera de Cristo como el único salvador, son el "yugo desigual" contra el que nos advierte Dios en 2 Corintios 6:14-18.


Ahora veamos qué dice sobre los “cristianos” y los verdaderos hijos de Dios:


Los primeros, que conocemos como "nominales", son aquellos que viven una “vida de cristianos”, pero no buscan crecer, ni compartir el evangelio. Son fácilmente llevados por las tendencias populares de pensamiento, pueden caer en mezclas de religiones y en escoger qué sí les gusta de la Biblia y qué no. Se mueven en los extremos de sentimentalismo e indiferencia. Quienes están en el primer extremo, viven así por todo lo que Dios para ellos (en especial en la forma de amor, gracia y misericordia) y no ven una verdadera necesidad de una entrega absoluta de su ser y de negarse a ellos mismos por Él (por negar Su santidad, juicio y justicia). Por lo que aún pueden vivir satisfaciendo los deseos de la carne (Gálatas 5:19-24). En el otro extremo, los caracteriza la indiferencia y/o aburrimiento hacia Dios permaneciendo escondidos en un “ya soy cristiano, ya soy salvo, ya estuvo” y en escudarse del deber de compartir la verdad a los demás en una filosofía de “vive y deja vivir” o de "si lo hago me veré afectado".


Un punto medio entre los extremos sentimentalista e indiferentes, son los ignorantes. Quienes ignoran la Palabra de Dios, ignoran Sus principios, ignoran el evangelio, y el modo de vida consecuente. A ellos no les importa en absoluto salir de su ignorancia. Solo saben que “son cristianos” y no de otra religión.


¡Vamonos con los fanáticos religiosos!: muy bien demostrados en la Palabra a través de los evangelios, son aquellos que viven con estándares altísimos de cumplimientos de ritos y exigencias espirituales, tienen poca tolerancia hacia las faltas y pecados de los demás; se consideran perfectos, no aman a Dios sino que aman su perfeccionismo y sus ritos religiosos. Están centrados continuamente en el Juicio y enjuician a todo el mundo, menos a ellos mismos, obviamente, porque dejan de lado la Justicia de Dios - lo que exige que ellos vivan humildemente delante del Señor y de acuerdo a Su Palabra - . Ignoran el amor, la gracia y la misericordia de Dios. Exigen la atención para sí mismos y aman las adulaciones de los demás. El fruto del Espíritu está ausente en ellos. Es muy común que no falten un solo domingo a la iglesia, ofrenden mucho, oren, lean la Biblia y la reciten, etc, todo con el fin de jactarse de estas conductas.


Y ahora con ustedes: Los verdaderos hijos de Dios.


Una vez que han entregado su vida a Cristo, dejan de vivir para ellos y de forma desagradble al Señor y se rigen de acuerdo a Sus principios. Esta forma de vida es continua y concreta, no varía por emociones, es objetiva.


Ellos saben ver y dar la importancia debida a Dios por quién es Él, ven y comprenden Su justicia, juicio, santidad, amor, gracia y misericordia en igual medida. En respuesta, entregan constantemente al Señor todo aquello que Le desagrada. También crecen en santidad, en el conocimiento de la Palabra y en compartir valientemente el evangelio. No tapan con un dedo el sol cuando se trata de el pecado y saben que Dios sí permite consecuencias. Así, en valor y santidad, ponen toda su fe en Cristo. Esto último les permite vivir libres de ataduras religiosas y no creen que sus obras son lo que les trae salvación. Porque saben la verdad, no se rinden a sincretismos. Aman a Dios y a Su Palabra. Tienen gozo que no se agota. No viven de acuerdo a su carne y el fruto del Espíritu es evidente en las areas de sus vidas: personal, familiar, relacional, académico, laboral, etc. - porque también las entregan por completo a Dios y buscan glorificarlo con ellas.


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¿Reconoces ahora quiénes son yugo desigual?

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Reconocer esto te hará claro que el yugo desigual te arrastra a todo lo que Él desaprueba, te hunde en lo inmundo, te aleja de Dios y de Su verdad, se goza en el pecado y habita en las tinieblas. El yugo de Jesús es fácil y su carga es ligera. Vivir llevándolo es un privilegio y acompañarte de otro hijo/a de Dios traerá bendición. Él te ayudará con todo esto. Bueno y también dejó un tip mega práctico:


La mejor forma para distinguirlos es por sus frutos (Mateo 7:15-20), recordando que según la Parábola del sembrador, no debemos confiarnos por estos frutos tan pronto salgan sino a veces, tomará un poco más de tiempo, incluso han de verse durante ¡toda la vida de la persona! (Mateo 13:1-9) ¡Ah y también se multiplican!, no son escasos. (;


Sin embargo, no está de más decirte que puedes orar por discernimiento. Dios nos dá sabiduría y discernimiento a través de Su Espíritu y Su Palabra. Esto es así porque hay casos en los que el trigo (verdaderos cristianos/hijos de Dios) y la cizaña (los "cristianos") crecen juntos (Mateo 13:24-30) y algunos no se distinguirán hasta el día de la siega (cuando seamos juzgados). Habrá quienes puedan predicar, enseñar, parecer de la Luz o hasta ministros de la Luz, hacer hazañas en el nombre del Señor, incluso reprender demonios, pero no serán verdaderos hijos de Dios (2 Corintios 11:13-15) (Mateo 7:22-23).


Okay, okay, vayamos cerrando...

Al final, cuando sabemos de alguien que nos gusta... que deplano es yugo desigual... Dios dice que dejemos de relacionarnos con ellos en 2 Corintios 6:17 ¡Pero no te desanimes! Hay promesa para quienes valientemente lo hacen: En el versículo 18 dice que entonces ¡Él será Padre de ellos y ellos hijos e hijas Suyos! ¡No estarás solo/a! :')


En todo esto, depende solamente de Dios. Para Él la oscuridad es tan clara como la luz del día, y nada hay escondido que Él no sepa. Su trono está sobre toda potestad. Y Él, que te ama y te conoce bien, proveerá, si buscas entregarle esta área de tu vida y obedecerlo. La pregunta final nos llega a todos: Si no quisieras entregarle esto a Dios, ¿Eres verdaderamente Su hijo?


¿Sigues creyendo que en el corazón no se manda?


Oro que tu deseo sea que se haga la voluntad de Dios en tu corazoncito, y que si has de casarte, les describan a ambos como a Zacarías y Elisabeth, padres de Juan el Bautista: “Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.” Lucas 1:6


Con mucho cariño,

Zuly


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