EL DISEÑO ORIGINAL #3

Ahora que conocemos más sobre el diseño original de Dios para nuestra sexualidad, sabemos que para Él esto es un asunto muy importante, tanto que nos exige dominio propio y ni siquiera nos dice que debemos “intentar resistir” nuestras pasiones juveniles, sino que literalmente, debemos huir de ellas.


¿Por qué es que para Dios el tema de nuestra sexualidad es tan importante?


Para responder esto vamos a necesitar atravesar un par de puntos importantes sobre quién es Dios. Recordemos que la santidad es no tener pecado en nosotros, y ser santos es ser apartados del pecado por Dios, para vivir para Él.


Como primer punto Dios es santo. Y no sólo santo, sino que en Isaías leemos como referencia de Apocalipsis que en el cielo Lo adoran brindando honor mediante el reconocimiento de Su potente, absoluta e inigualable santidad, tanto que se le reconoce como tres veces santo: “Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.” (Isaías 6:3) En Dios no existe ni puede existir pecado pues Su naturaleza es tres veces santa.


Segundo punto: Debido a Su absoluta santidad, Dios ha establecido un standard de absoluta santidad para nosotros, quienes lo amamos (o decimos amarlo) y queremos servirlo (o decimos querer servirlo). En Levítico 11:44-45 Dios le exige a Su pueblo que sean santos y se mantengan santos porque Él es santo. Más adelante, en el Nuevo Testamento Jesús habla y repite esta exigencia y requisito: “Por tanto, sean perfectos (santos), así como su Padre celestial es perfecto (santo).” De manera que nos queda preguntarnos: ¿Soy santo/a y perfecto/a como Dios lo es? Seguramente, la respuesta es no. Nosotros venimos al mundo con una naturaleza pecadora y nuestra tendencia natural es pecar y Dios deja muy claro que para servirlo y ser suyos hemos de ser santos, o en negativo, que odia el pecado y castiga el pecado (Éxodo 20:5) y la paga del pecado es la muerte y la ira de Dios. Entonces ¿Cómo podemos ser santos?


Tercer punto: Para alcanzar la santidad no podemos ayudarnos a nosotros mismos, ya que nuestro pecado no puede limpiar nuestro pecado. No importa cuántas buenas obras intentemos hacer, la Biblia nos dice que las obras jamás podrán hacernos salvos “Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia.” (Isaías 64:6) y “Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras…” (Romanos 3:20)


Es por esta razón y como cuarto punto: que necesitamos la ayuda de alguien que no tenga pecado para poder limpiarnos. Aquí, entra Jesús, como Dios en forma de hombre: el Hijo de Dios. Y por ser Dios mismo, no había pecado en Él y por esta razón es que tenía que morir por todos nosotros, llevando los pecados de todos, para recibir la ira de Dios por los pecados y que así fuera entonces satisfecha Su santa ira contra el pecado y entonces, los que creyéramos en el corazón, en Jesús, y confesáramos con nuestra boca que es el Hijo de Dios, entonces seríamos y somos justificados. La paga del pecado ya no es más lo que hemos de recibir al final. Sino que somos perdonados y por Su gracia, tenemos vida eterna. Somos, perdonados por Su muerte y justificados por Su resurrección. (Romanos 4:25). Lo que nos toca entonces, es arrepentirnos, confesar nuestros pecados y una vez perdonados, y ya que al ser justificados nos hace Sus hijos, debemos vivir en santidad. Otra vez, porque Él es santo.


Resulta que también, en relación a nuestros cuerpos, una vez estamos ya perdonados por Él y hemos creído y confesado que Jesucristo es Dios, entonces Su Santo Espíritu viene a morar en nuestros cuerpos que se convierten en el Templo del Señor, y Su sangre, que nos limpia de nuestros pecados, también entonces nos compra para Dios. “¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.” 1 Corintios 6:19-20


Nuestra identidad, incluso a nivel de cuerpo, cambia por completo. Pasa de ser esclava del pecado a ser comprada por el precio de la sangre de Dios, para ser suyos.

Nuestro cuerpo ya no es nuestro, y nosotros ahora ya no vivimos más para nosotros mismos sino que vivimos para Dios. “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5:15


Por eso nos exige ser santos como Él y permanecer en santidad, y la única manera de serlo es permaneciendo en Él, en Su Palabra y Sus mandamientos (Juan 15). Para esto debemos estudiarla y leerla continuamente, sino no vamos a saber qué dice. Y, como no podemos ser santos por nuestros propios medios, nos dice que debemos andar de acuerdo a Su Espíritu, no dando lugar a los deseos de la carne, sino viviendo de acuerdo al Fruto de Espíritu, curiosamente este Fruto incluye el dominio propio (¿Se acuerdan que lo estudiamos antes?). Por favor, lean Gálatas 5:16-25 y Juan 15.


Ahora que conocemos estas cosas, podemos estar seguros que nuestro llamado en el Señor es a ser y permanecer santos incluso corporalmente, porque aprendimos que toda actividad sexual fuera del diseño original de Dios, es pecado. De manera que para mantenernos santos debemos huír y no andar de acuerdo a las pasiones de nuestra naturaleza pecadora. Así se hace urgente en nuestra vida permanecer en el Señor y en Su Palabra. Estar en Cristo es un compromiso grandísimo, por suerte no nos toca hacerlo todo a nosotros, ya que tenemos la ayuda continua de nuestro único intercesor con Dios, Jesucristo. “Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.” 1 Juan 2:1


La réplica del bolso de Gucci que la señora G. del inicio había comprado, era una estafa al original. Una vez la señorita de la tienda Gucci que conocía lo original, la vió, pudo identificar la estafa. Tú ahora, has analizado la sexualidad desde el diseño original de Dios descrito en Su Palabra. Ya que sabes cuál es la diferencia con la sexualidad del mundo, ¡No te dejes estafar!


El perdón de Jesús por nuestros pecados, Su justificación, ser cristianos y ser Sus hijos comprados por Su sangre, exige vivir en santidad, ser santos, porque nuestro Padre es Santo.


Te dejamos con unas recomendaciones para que puedas encontrar maneras prácticas de ejercitar la santidad en tu vida y de conducirte de manera que respetes la Santidad de Dios:


  • Aléjate de las actividades en las que la promiscuidad y el descontrol sexual se dan fácilmente, como los bares, discotecas, fiestas y/o reuniones con personas que viven de esta forma.

  • Con tu pareja, evita los lugares oscuros, solos y que puedan ser oportunidad para darle rienda suelta a las pasiones.

  • Pasa tiempo en oración y abre tus labios en adoración al Señor.

  • Estudia acerca de la santidad de Dios, y de quién es Dios.

  • Identifica en las redes sociales, series de Netflix, o canciones, los mensajes a vivir una sexualidad que va encontra de los principios de Dios, e intenta evitarlos.

  • Juntate con personas que te ayuden a crecer en tu relación con Dios.

- Zuly

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