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¿A qué venía?

¡Holaaaa! A todos nos ha pasado más de alguna vez, que vamos a la cocina o alguna otra área de nuestra casa y cuando llegamos se nos olvida la razón por la que fuimos al lugar (sé que te ha pasado no digas que no). Últimamente este pensamiento se ha vuelto popular para referirnos al “¿por qué o para qué existo? ¿Cuál es el propósito para el que fui creado?” incluso vemos memes al respecto, como el que ven acá XD.


Y aunque yo no te puedo dar una respuesta específica a esta pregunta, por medio de esta entrada quiero darte una guía para responder esta pregunta. Vamos a basarnos en la Biblia para ir descubriendo cuál es la razón por la que fuimos creados y por la que nos encontramos con vida el día de hoy. Así que sin darle más vueltas al asunto: ¡Comencemos!


Como mencionaba al inicio, este pensamiento: “debe de haber algo más para mi vida” es algo común hoy en día. Esto ocurre porque poco a poco las cosas que hacemos a diario se vuelven rutinarias y monótonas. Como menciona el pastor Rick Warren (veras que lo mencionaré varias veces en esta entrada) llevamos nuestra vida solo “existiendo” no viviendo de verdad. Ahora bien, ¿cómo podemos vivir de verdad? Para responder esta pregunta primero haré tres aclaraciones:


No somos los dueños de nuestra vida, Dios es dueño. (1 Corintios 6:19-20)
No eres un accidente. Sin importar las condiciones en las que nacieras, para Dios no eres un accidente. (Salmos 33:15)
El propósito de Dios para ti está totalmente ligado al evangelio. (Hechos 20:24)

Es muy importante que a lo largo de esta entrada recuerdes estas tres menciones, ya que el mundo puede darte diferentes definiciones de cuál es tu propósito y como el cumplirlo se ve reflejado en la fama, éxito económico, etc. Es por eso que, al no poder alcanzar el estándar que este mundo nos pone, podemos sentirnos vacíos, sin importancia y sin valor. Sin embargo, el propósito de Dios para nuestra vida es completamente diferente y contracultural.


El día de hoy te presentaré cinco propósitos que el Señor nos ha mostrado en Su Palabra, estos son un pequeño resumen de lo que aprendí del libro “Una Vida con Propósito” escrito por, el ya mencionado, Rick Warren. Este es uno de mis libros favoritos, así que luego de leer esta entrada te recomiendo que consigas una copia y lo leas.



  • Propósito número 1: Fuiste creado para dar gloria a Dios.


“¿Oh Señor! ¿Quién no temerá y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo; porque TODAS LAS NACIONES VENDRAN Y ADORARAN EN TU PRESENCIA, pues tus justos juicios han sido revelados” - Apocalipsis 15:4


Recuerda, Dios no necesitaba crearte, pero Él decidió hacerlo con el propósito de glorificarse por medio de ti. Por esta razón todo lo que hacemos, decimos y pensamos debe de dar gloria a Su nombre (1 Corintios 10:31). Parte de esto es nuestra adoración. Adorar no es el tiempo bonito que tenemos cuando cantamos cantos tranquilos y levantamos nuestras manos. Adorar genuinamente al Señor es un asunto del corazón, no necesariamente de nuestras acciones (aunque por supuesto un corazón que adora se ve reflejado en nuestra vida). Adorar está dirigido por la Verdad, no por sentimientos o emociones.


  • Propósito número 2: Fuiste creado para la familia de Dios.


“Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios” - Efesios 2:19


Al creer que Jesus te ha salvado y confesar con tu boca que Él es el Señor tal como lo dice Romanos 10:9. Dios te da el privilegio de ser llamado hijo Suyo (Juan 1:12) entonces formas parte de la familia de Dios, por lo que es nuestro deber congregarnos con otros hijos de Dios. Si, adivinaste habló de la iglesia. Desde Génesis vemos como el Señor nos creó como seres relacionales y es por eso que como cristianos debemos buscar relacionarnos con otros creyentes (Hebreos 10:24-25). Estar en comunidad con nuestros hermanos en Cristo nos permite apoyarnos los unos en los otros, regocijarnos, animarnos, alegrarnos juntos, etc. (1 Pedro 3:8).


  • Propósito número 3: Fuiste creado para ser como Cristo.


“El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo” - 1 Juan 2:6


Desde el principio, el Señor nos formó a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26). Y aunque nuestro entendimiento en esto es limitado podemos comprender por lo menos cuatro aspectos que esto conlleva. Primero, somos seres espirituales, aunque nuestro cuerpo físico muera, nuestro espíritu es eterno. Segundo, somos intelectuales, Dios nos ha dado la capacidad de aprender, razonar y comprender ciertas cosas. Tercero, como mencioné anteriormente, al igual que Dios somos seres racionales, tenemos la capacidad de dar y recibir amor verdadero. Y por último, tenemos una conciencia moral, podemos discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Es esto lo que nos hace responsables delante de Dios. Como te puedes dar cuenta si miras a tu alrededor estos cuatro aspectos están gravemente distorsionados en nuestro mundo por causa del pecado. Es por eso que si buscamos un ejemplo perfecto el único que es capaz de cumplir esto es Jesús, el único que nunca ha pecado. Por lo cual al ser salvos, recibimos una nueva vida, la vida de Cristo en nosotros (2 Corintios 5:16-18). Y debemos procurar vivir de la manera en que Él vivió.


  • Propósito número 4: Fuiste formado para servir a Dios.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10

Las buenas obras para las cuales el Señor nos preparó son aquellas en las que ponemos nuestra vida al servicio de los demás. Jesús mismo nos dio ejemplo de esto: Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” - Mateo 20:28. Nuestro servicio a Dios no se ve limitado a lo que hacemos en la iglesia. Cada persona, dependiendo de sus talentos, personalidad y carácter puede servir de diferentes maneras (1 Pedro 4:10). Recuerda, tu vida pertenece a Dios, por lo que debe de ser entregada para Su servicio.

  • Propósito número 5: Fuiste formado para una misión.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” - Mateo 28:20

Nuestra misión en este mundo es compartir las buenas nuevas de gran gozo, compartir el mensaje de salvación que Jesús nos dio por gracia. En un mundo tan lleno de maldad es fácil desanimarse y pensar que es en vano compartir esto con las personas que nos rodean. ¡Pero esta es una de las principales razones por las que estamos en el mundo! En Juan 17, Jesús ora por nosotros diciendo, que así como el Padre lo envió al mundo, Él nos envía a nosotros. Para que por medio de nuestras palabras, más personas puedan creer en Él. Si quieres saber más sobre cómo compartir el evangelio te invito a leer y profundizar en la entrada “¿Tengo que evangelizar?”.

Espero de todo corazón que el conocer estos cinco propósitos te sirva de guía para seguir aprendiendo más a profundidad el propósito que el Señor tiene para ti. Algo maravilloso es que tú mismo puedes preguntarle al Señor cuál es tu propósito. Busca guía en Su Palabra y ora para que Él te guíe en esos momentos en los que sientes que no sabes a qué venías. También vuelvo a recomendarte que leas el libro “Una vida con propósito”.

Oro para que esta entrada sea de bendición. Con mucho amor en Cristo, Emy.

Bibliografía

Warren, R. (2017). Una Vida Con Propósito: ¿Para Qué Estoy Aquí En La Tierra?



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