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"A DIOS ORANDO... Y CON EL MAZO DANDO"

¿Te ha pasado alguna vez que te encuentras en una situación que requiere una gran dosis de responsabilidad, mucho valor, esfuerzo, confesión, afrontamiento, humildad y además uno o varios cambios considerables de tu parte? Es probable que estando en esas circunstancias en lugar de reconocer que debes hacer algo al respecto, decides decirte a ti mismo frase como:


  • “Dios se hará cargo”.

  • “Estar como estoy, es la voluntad de Dios”.

  • “Si Dios hubiera querido que fuera diferente ya me hubiera cambiado”.

  • “Si Dios no hubiera querido que estuviera aquí o en esta situación, lo hubiera evitado”.

  • “Si Dios me perdonó ya no tengo por qué pedir perdón, cambiar, mejorar, dejar algo, etc…”


Estas actitudes son completamente antibíblicas y nos llevan a caer en ser indulgentes con nosotros mismos, pecar contra Dios y contra otros, y de esta manera dejar que eso sea ocasión para que otros hablen en contra de Dios. Vivir de esta forma trae consecuencias serias y no podemos culpar a Dios por ellas cuando fuimos nosotros quienes elegimos vivir así (Gálatas 6:7).


Tomando en cuenta lo anterior ahora te pregunto lo siguiente. ¿Has oído el dicho: “A Dios orando… y con el mazo dando”?


Si lo analizamos un poquito verás que tiene un mensaje compuesto por dos partes. La primera nos indica que en la vida, confiamos en Dios, Su obra, Su control. Sin embargo, la segunda parte de este dicho nos muestra que también somos responsables de trabajar en lo que nos compete.


Como cristianos esto es exactamente lo que el Señor nos pide en Su Palabra. De ninguna manera estar en Cristo significa que no tenemos un gramo de responsabilidad en la vida, o frente a los problemas de los que podríamos formar parte. Entre las muchas facultades que Él le dió al ser humano, independientemente de las condiciones en las que esté, está la de hacerse responsable de sus acciones. Habrá momentos críticos y otras situaciones en las que definitivamente sólo podemos responder con la primera parte del dicho. La Palabra también nos enseña a actuar de esa manera. Sin embargo, fuera de estas situaciones, si deseamos que nuestra forma de vivir agrade a Dios, es necesario que también cumplamos la segunda parte del dicho.


Por eso ¡Veamos cuáles son los momentos para soltar todo y dejar a Dios a cargo! Y aquellos de los que somos responsables, a la luz de Su Palabra:


- Antes que sigas: te recomiendo que en verdad leas todos los versículos apuntados, haciendo click en ellos -


1. Un poco de lo que Dios se encarga exclusivamente:




2. Un poco de lo que Dios exige que seamos responsables (al tiempo que Él nos ayuda):



Dios nos amó tal y como éramos, es verdad, por ello entregó a Cristo (Romanos 5:8) para darnos una vida nueva en Él. Pero ese mismo amor se expresa en que no nos quiso dejar exactamente como éramos por eso, según la Palabra, hay mucho en lo que debemos trabajar y mejorar como parte de nuestra vida en Cristo.


Es muy fácil querer abandonar la lucha, escudándonos detrás del: "Dios igual me ama", o de las frases que están al principio de esta entrada. Es fácil no tomar responsabilidad de nuestros actos, o no llamar la atención de nuestros hermanos en Cristo cuando se encuentren abandonando la lucha o evadiendo su responsabilidad, aunque amemos a Dios. Sin embargo, decir que amamos a Dios no es suficiente para amarlo de verdad. Amar a Dios es vivir de acuerdo a Sus principios, juicios, mandamientos, y todo lo descrito en la Biblia, (1 Juan 5:3) desde lo más secreto de nuestros corazones, desde la intimidad de nuestras mentes, hasta lo que mostramos a todo el mundo.


"Pero sean hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándose a ustedes mismos". Santiago 1:22


La vida de un cristiano no terminó cuando Cristo llegó, sino todo lo contrario, comenzó. Es el inicio para vivir de una forma distinta a la anterior continuamente, con la libertad para hacerlo. Además también adquirimos la responsabilidad ante Dios para traer gloria a Su nombre y así dar testimonio de Él. Y finalmente somos bendecidos con la ayuda del Espíritu Santo para lograr todo esto a través de perseverar y permanecer en Él.


Si estos cambios no han existido en nuestras vidas, o si es algo que no estamos dispuestos a hacer, si lo sentimos injusto, o nos provoca enojo o frustración contra el Señor o los demás, quizá este es un buen momento para confesar nuestros pecados, nuestra necesidad de Cristo y Su salvación, y reconocerlo como Dios y Señor de nuestras vidas :).


Añado para concluir que nuestro Padre también nos ama tanto que lo que hacemos con Él, por Él, y para Él en consecuencia de Su salvación y en obediencia a Su Palabra, nunca es en vano ¡Todo lo toma en cuenta!


¡Ten ánimo! ¡Su Espíritu te ayudará y Su Palabra te guiará!


"Así que, hermanos míos amados, estén firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano." 1 Corintios 15:58


Entonces… a Dios orando ¡Y con el mazo dando!




Cualquier pregunta que tengas por favor no dudes en escribirnos,


Con cariño,


Zuly


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